Picasso: emociones intensas a través de un pantone versátil
Pablo Ruiz Picasso dejó una huella imborrable en los artistas del siglo XX. No se conformó con dar pasos acelerados en la pintura desde temprana edad, si no que también fue grabador, escultor y ceramista reconocido mundialmente.
Nació Málaga en el año 1881 y durante su infancia atravesó carencias económicas, pero ello no fue un impedimento para ir tras sus sueños. Era un niño diferente; muchas personas lo describían como alguien perezoso y distraído, no conforme con ello con tan solo 10 años realizó su primera pintura, titulada El Pequeño Picador Amarillo y la última se denomina Embrace, realizada el 1 de junio de 1972. Además, el 5 de noviembre crea su último dibujo catalogadas figuras reclinándose.
Es hijo de María Picasso López y José Ruiz Blasco, quien le impulsó a iniciarse en el camino del arte cuando tenía 7 años, al enseñarle pintura y dibujo. Fallece en Moulins Francia en 1973.
El artífice fue bautizado luego de su nacimiento como Pablo José Francisco de Paula, Juan Nepomuceno, Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso, pero en 1901 empezó a firmar sus trabajos con el apellido materno.
Podemos describir a este memorable creador, como un impulsor de importantes movimientos artísticos, quien usaba sus manos para expresar todas sus perspectivas cuando las palabras no eran suficientes. Era capaz de inmortalizar momentos y sentimientos de manera libre y con una gran capacidad imaginativa, dejando un legado que inspira optimismo, pasión y perseverancia.
Empleaba variadas técnicas con el objetivo de otorgarle valor estético a sus creaciones visuales, tales como aguafuerte, aguatinta, aguada, punta seca, buril y manera negra, acompañada de la litografía, el grabado sobre linóleum, y ocasionalmente la hectografía.




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